viernes, 11 de noviembre de 2016

Girasoles en la cabeza. VI







Simon Siwak




Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano, 
herido por el trigo, a pisar la pradera; 
soñador, sentiré su frescor en mis plantas 
y dejaré que el viento me bañe la cabeza.

Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:
pero el amor sin límites me crecerá en el alma. 
Me iré lejos, dichoso, como con una chica, 
por los campos , tan lejos como el gitano vaga.

Sensación, Rimbaud



Un hombre se perdió en Barbate. Tenía 30 años, complexión delgada, 1,70, cabello corto y castaño, ojos marrones de mirada incierta, como esa gente que mira sin mirar hasta que se detiene y mira con todo y sientes que te mira como si no te hubieran mirado antes. Hablaba entre pausas, inspirando cada frase al final sin dejar huellas, o eso creía él. Vestía bien, sin ser demasiado obsceno con las marcas ni estruendoso en los colores. Fumaba. Casi siempre guardaba el cigarrillo de liar demasiado rato entre los dedos, apagado. Se lo llevaba a la boca y fruncía el ceño al aspirar nada, pero no lo encendía. No, todavía. Podía decirse que era elegante, discreto, dueño de sus asuntos, algo jovial pero esquivo y con más mundo interior y belleza del que pretendía aparentar. Le gustaba una chica morena, compañera de trabajo. De cuando en cuando le decía cosas como que le alegraba el día verla, o qué bien te ves hoy, pero no avanzaba. No, todavía. Había madurado como las cebollas, por capas, y lloraba a escondidas sin que nadie le viera y sin saber por qué. Cuando desapareció, la Benemérita, familia y amigos lanzaron operativo de búsqueda: carteles, cuñas de radio, un artículo a toda página en el periódico, más carteles, boca a boca, ojo a ojo, confusiones, creyeron haberlo visto en Córdoba; luego, en un chiringo de Cádiz, que si había escapado al norte, donde siempre hay más trabajo, más lluvia, más dinero, porque la prosperidad es norteña en todo el mundo, no hay dudas. 
A los quince años de su desaparición, su hermano instó al juez para incoar su expediente de defunción. Nadie volvió a verle. Ni una huella en quince años. 
Me lo encontré hoy debajo de los dos robles, después de enterrar esta tarde a Verlaine, mi conejo muerto. Estaba sentado con su cigarrillo apagado entre los dedos: Me perdí en Barbate, no recuerdo nada más. Decidme cuándo vuelve la luna llena, que solo camino de noche, dijo a los girasoles de mi cabeza. 



Woodkid - I love you