martes, 8 de marzo de 2016

Impares humanos





Foto: Daria Endresen 


Los cabecillas se saltaban la cola y nosotros mirábamos pasearse a la mosca. Era normal dejarlos hacer, estábamos resignados a lo que tuviera que venir; nadie hacía nada. Incluso, si decidían volver sobre sus pasos, elegidos altos cargos de más altas empresas y cobrarnos un impuesto revolucionario para sostener sus, también, altos sillones: nadie protestaba. El impuesto podría ser sobre la luz, el agua, la tierra, el sudor, el hambre, la enfermedad, la música, la literatura, lo que les diera la gana.


Papá, la diferencia entre la derecha y la izquierda es que la derecha gobierna de arriba a abajo, para que aquellos que mucho tienen puedan mantenerlo y extraer más de los de abajo; y la izquierda, de abajo a arriba, para que aquellos que poco o nada tienen vivan algo mejor.

Pero, realmente, los cabecillas tenían ambos lados, diestros y zurdos, de arriba a abajo, centro y pa'dentro. 

Yo tenía una camiseta del Che. 

Los cabecillas, codiciosos, escarbando nuestra piel. Las moscas peleándose por un trozo de mierda. Olemos mal de conciencia para adentro. Algunos diagnostican incoherencia. 

Yo solo quiero no vivir de rodillas. 

Moral castrada. Ética castrada. Escrúpulos castrados. Los cabecillas continúan saltándose las colas y nosotros miramos pasearse a las moscas. 

Solo me queda un paraíso: en tu cuerpo cabe todo mi placer. Nadie puede ponerle impuesto a eso. 





https://youtu.be/OnQQqcGqrWM

Aquilo - Human