martes, 28 de mayo de 2013

Uñas Rojas VIII

 
Los chicos de la calle Príncipe me solicitan una donación para los niños del África, pero yo nunca tengo tiempo y ya no creo en Ongs. Huyo hacia mi trabajo con simple afán recaudatorio y la coletilla de la puta crisis en todas las bocas. Ya no me compadezco por lo bajo que he caído en mi nómina, porque tú estás y aún puedo cantarle nanas a mis hijos perdidos. Pocas metas me quedan, algunas cuentas pendientes y venganzas que no me merecen mientras compro fulares en la feria de Bouzas.
De camino, el viejo de la Rúa do Urzaiz mea en una botella de espaldas al mundo, desperezando sus pies atorados después de una noche fría y húmeda en el soportal, frente a McDonald's y tiendas de imperios, ante el tránsito y la vida. Y podría decir: yo tuve una hipoteca, un trabajo, un amor, cuando la última gota resbala por el cuello del vidrio reciclado. También podría dolerse la columna y los ojos cansados esperando reconocimiento como Oroza, después de engendrar su "Évame" con las manos cruzadas a la espalda.
Todo se ha dado la vuelta y ya no hay calderilla para el pan de los pobres. Mauritania no está tan lejos. Pero hoy dormiré caliente, con mi mayor riqueza a mi lado. Y si vienen las pesadillas y mi coro de niños muertos, tú me romperás la entrepierna y me matarás un poco. Porque amarte es como morirse un poco en aquella vieja ciudad de Dubrovnik, donde Shaw encontró el cielo en la tierra antes de que la guerra dejara su huella de metralla.
Lo he perdido todo, salvo la capacidad de levantarme. Tú eres la frontera que me separa del borde. Por eso, cuando te vayas, me arrancaré mis uñas rojas, una a una, y mis venas torcidas se someterán a la Endura con el ayuno del cátaro, hasta la inanición.

Imagine Dragons - Radiactive
""... Se ha roto algo
 
Se ha dividido en dos el mundo y vuelvo a ser como una bestia realizada
 
Vuelvo al mundo
Y creo que las horas que escuchamos nos abren la puerta que nos permite entrar...""
 
"Évame", Carlos Oroza