domingo, 17 de marzo de 2013

Uñas Rojas I

fuente: Red Nails I - The Canvas Works


Me he pintado las uñas con el rojo de tu sangre.
El Hombre de Burkina Faso ha dejado el carro de paraguas en la puerta del bar y pide una cerveza. Mira mis uñas rojas, pero sin demasiado interés. Parece no estar allí; tiene la extraña habilidad de ser invisible. Pienso si cualquiera de nosotros sería igual de invisible en su ciudad, pero pienso poco rato. La música me incita. Los rockeros cuelgan de mi fular de seda salvaje y mis rizos bailando desplazan objetos; el canalillo produce el efecto contrario.
Hay un corro de miradas persiguiendo mi cadera. Tú miras, apoyando el codo en la barra. El otro brazo cae con descuido después de apurar la cerveza. Es verdad: nunca me habías visto bailar. ¿No te conté que la gente baila como folla? Siempre dijiste que no era ley, pero fíjate, fíjate bien.

Se apodera de mí cierto aire exhibicionista. Sin embargo, me acerco a ti con la boca entreabierta y te bailo descarada; quiero dejar claro al público que tú eres el elegido y, de paso, marco el territorio como las perras con la intención de espantar a esa rubia de tetas de silicona. Las de verdad son mejores, te murmuro al oído mientras dirijo tus manos calientes y lánguidas a las mías.

El Hombre de Burkina Faso tararea alguna danza tribal y me mira con ojos vidriosos. Está cansado: diez horas pateando calles con paraguas que nadie compra. El resto apura copas y lenguas. El fular de seda salvaje cae al suelo y la música nos aleja, bien, bien lejos, donde no pretendan domesticarnos.

Volveré a pintarme las uñas con el rojo de tu sangre; nosotros no somos invisibles.