sábado, 29 de diciembre de 2012

ven, anda

 
No sé si acaso usé bien las preposiciones contigo -que si bajo, que si cabe, contra desde sobre tras- o si adjetivé adecuadamente a la madre de mi jefe. Tampoco conozco la medida exacta con la que llenar tu copa de vino, ni tan siquiera calibro el beso que pudiera vaciarla.
El año finaliza y no puedo declarar terminados los deberes. Me dejé pendiente alguna razón para morirme, es por eso que aquí sigo; de las razones para vivir no hablaré, las guardo como secretos de alcoba, en la cama de tu piel y contigo.
En algún momento de este año con algo de bastardo abandoné mis letras -algunas cosas quedan mejor mal hechas-. Fue entonces cuando dejaron de importarme los finales; cuando uno ya no cuestiona destinos, comprende lo verdaderamente importante: el viaje.
Dicen los seres de provecho que la palabra dada es una promesa y que esta ha de cumplirse y todas esas cosas que tan bien quedan en los currículos, pero resulta que ni siquiera tengo muy claro cómo formular frases perfectas -de las que no malinterprete el subconsciente- así que lo incumplo todo, desde los buenos hábitos hasta los malos apetitos.
Ya no miro hacia adelante buscando futuros, ni hacia atrás culpando pasados. He decidido mantenerme en el filo, como esos vaqueros del lejano oeste, aposentados en barras de salón, imbatibles. Quedarme aquí mismo, sobre una invisible barandilla que me despeja del mundo, y no hacer balance del año o de la vida. Y no es por desidia, que no, sino porque tan solo importa este preciso instante en el que te escribo.
Ven, anda, que te cuento cosas que sí merecen ser escritas; ¿al resto? que eso, que no hay resto, que feliz año que viene.


Radiohead - All I need