sábado, 18 de agosto de 2012

La Gomera somos todos


foto: Rafa Avero

en 1984 esta mujer tenía 16 años y muchos sueños, tantos que olvidé alguno por el camino, tantos que alguno se rompió contra la quilla del J.J. Sister, o en las esquinas donde mueren todos los sueños -me acerco cada tanto a ese lugar, a revisar mi colección de estropicios como quien revisa las fotos antiguas y se descubre más viejo, más cansado, más otra persona, para hacer inventario o para, como ahora, intentar recuperar alguno-
en 1984 yo aún creía en utopías, no podía imaginar un gran hermano vigilando mis acciones y empujando hacia caminos engañosos, tampoco creía en la manipulación política ni mediática -partidocracia y mediocracia-
en 1984 aún no había leído a Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre; todavía pensaba en redenciones posibles, en salvaciones planetarias, en que lo bueno triunfaría
en 1984 escuchaba a Silvio Rodríguez y lloraba hacia afuera, no para adentro como dicen que lloran las personas mayores
en 1984 murieron personas en un incendio en La Gomera y yo no pude hacer nada, tan solo llorar...
ahora no lloro, ni creo en utopías, el mundo es un constante vómito y la gente muere de hambre en todas partes, pero he descubierto que la nobleza aún existe, que los sueños se regeneran,
que sí puedo hacer algo

28 años después, otro incendio asola esa isla única, única y tremendamente hermosa, que me acogió y acogerá como si fuera de allí
alguien me preguntó el otro día: pero si tú no eres gomera, ¿qué haces ayudando a organizar concentraciones, apoyando causas con tanto empeño?

¿nunca has amado un lugar ajeno a tu origen?
¿nunca has amado a una persona que no era tu sangre?

con cada monte quemado, todos morimos un poco

¡¡¡MÁS NUNCA!!!



y tú, ¿seguro que no puedes hacer algo?
si te sobra un euro, si tienes días libres,
si puedes apoyarnos de algún modo,
colabora, comparte, ayuda...

la gomera somos todos



Oleo de una mujer con sombrero - Silvio Rodríguez

( la cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar)