sábado, 11 de junio de 2011

Indignados: el mundo arde.




Pero aún no lo olemos,
aún permanecemos sentados en nuestros sofás
mirando embobados las tarjetas de crédito,
calibrando ante los anuncios de la televisión,
o acampados,
pidiendo, exigiendo,
indignados,
con razón....

Sólo ansiamos un trozo de la riqueza,
el trozo del pastel que nos corresponde,
que nos debe el mundo,
porque el mundo es nuestro,
todo es nuestro;
propiedad-propiedad-propiedad

El mundo arde,
arde,
arde.

Nosotros con él.

Estamos anestesiados,
huele la carne quemada,
pero aún no la sentimos.


Dali le dice a Lorca:
la miel es más dulce que la sangre.

Ninguna revolución se ganó sin sangre.

¿Somos realmente la levadura que levantará la masa?