domingo, 22 de mayo de 2011

enséñame a bailar






Él me dijo entonces, enséñame a bailar, antes de que sea tarde. Lo recuerdo bien, lo recuerdo tan bien que aún siento su calor en la palma de mi mano, cuando al tomar la suya, le dije, déjate llevar, no pienses demasiado, sólo déjate llevar, y sentíamos la música cosquilleándonos los pies y yo me acordaba de Zorba el Griego y cómo daba su clase pateando las piedras y cómo reía, cómo se reía de todo, de todo, porque todo es risible, le dije yo entonces, el plomo, la bilis, tu sangre, la mía, los redobles de tambor que siento en tu estomágo, el pulso, la entrepierna, las hecatombes, todo lo es, hasta tú, hasta yo, no hacemos más que intentar descifrar los jeroglíficos de la vida, intentar buscar sentido a lo que no lo tiene, los alfileres siempre estarán, como las dagas, como Titán, como las cabezas y no nucleares, pero es tan hermoso dejarse llevar un rato, sólo un rato por la música, por el calor, el amor, y bailar con los ojos húmedos, si quieres, pero bailar...