lunes, 9 de mayo de 2011

cómete la sopa...






si no puedes tragar una tregua dentro de otra tregua:





cuando era niña odiaba los pimientos, aún hoy los odio. una vez, en amsterdam, mi madre hizo una sopa tártara plagada de tiras de pimientos rojos, y se empeñó en que los comiera: cómete la sopa, cómete la sopa... insistía con saña.

yo pataleaba, gruñía, pero aún tenía 4 o 5 años e insuficiente poder -o eso creía- y me rendí; metí varias tiras de pimiento en la boca, tomé el vaso de agua, apreté bien fuerte la nariz con la otra mano, y tragué ruidosamente tantas veces como tiras de pimiento había, sintiendo cómo se deslizaban enteras por mi garganta.

al rato ella se acercó y dijo algo así: ¿ves como podías comértela?

introduje mis dedos -tres- en la boca hasta la campanilla y vomité la puta sopa tártara.



si hubiera sabido el chiste entonces, le hubiera imitado con la boca retorcida y asqueada:

cómete la sopa, cómete la sopa, cómete la sopa...
  
¡¡¡cómeme la polla!!!
 
;)