martes, 26 de abril de 2011

parásito, parásito...



"""A la literatura, a la gran literatura, no se entra por la puerta fácil,
se entra a través de la pérdida y las lágrimas, se entra por el dolor""".

Ana María Matute.
Próximo Premio Cervantes.



La verdadera escritura, sea en mayúsculo arte o en minúscula gloria, no es un pasatiempo, ni un entretenimiento para esas horas de tedio ocioso del final de la tarde. "Escribir" no es buscar aplausos entre un público fácil o aguerrido, como tampoco es el deseo del neón y las luces, los fuegos de artificio y la ovación clamorosa de quien te admira tras las comas.

La verdadera escritura, la que se siente en las tripas, no se ejerce como piropo, ni se viste de halago para traspasar, no se emplea como un elogio, aunque realmente la buena escritura conseguirá todo eso sin que uno se fije en quién escribe o cómo lo hace, sino en el objeto aclamado. Después, después de admirar lo escrito, sólo después, uno repensará en lo dicho en esas palabras ciertas, en cómo el autor redondeó la sílaba, en cómo alfombró la línea para depositar un beso. Es entonces cuando la escritura se hace sagrada.

La verdadera y sagrada escritura ha de ser sincera, aunque duela y raje el pecho, aunque escueza y levante ampollas, cuando uno escribe ha de comulgar consigo mismo, y con nadie más.

Entonces, cuando sale la verdadera escritura, la Obra está por encima de todo, y de todos.

La verdadera escritura no se exhibe para acceder al trono ni al triunfo, ni para escalar pedestales o pieles ajenas, sino porque si no se hace, nos reventaría la propia piel, apenas contenida sobre los nudos de las venas.

Quien se acerca a ella con ánimo embaucador, con afán de alfombra roja y premios varios, con intención de conquista y lamida de culos, con aquella idea de recibir palmaditas de gloria en la espalda ansiosa, todo el que se acerca con pretensión de estrella a la escritura jamás será el manantial del que ella brote, sino tan sólo un parásito.

Cierto es que hay parásitos camuflados, incluso los hay que bien viven entre los aplausos de una mayoría engañada, pero no hay que ser veterinario para descubrir quiénes son las garrapatas.


Sea dicho.



delia díaz