domingo, 13 de marzo de 2011

esta es mi sentencia...



Tejimos arte entre horizontes, Florencia.



La melancolía nos enredó las venas,
y ahí permanecimos, distantes y cercanas,
como los átomos hablando idioma común
que saben de infiernos y niños capaces.

Yo te sentí llorar a través de los mares,
y un aguacero frío me empapó por dentro.

Te seguí en el pulso de tus letras.

Parado el párrafo,
ausente de ti y de todos, 
yo te sentí, aún así,
llorar a través de los mares.

Un abrazo de piel vuelta,
mi propia piel como pañuelo,
latitudes insomnes que te conocen,
la certeza de saberlo cierto.


Las niñas que fuimos revolotean,
juegan la rayuela y sonríen.
Unas manos infantes y desconocidas,
un traspaso de píxeles
derrumbador de distancias.


Y los aires buenos de tu pueblo
me llegan desde el otro lado del charco,
porque así es el arte de mágico
cuando une y ata puntos distantes.

Mi abrazo de carne se perderá
naufragado entre miles de olas,
pero el de piel vuelta,
expandido desde adentro,
se queda contigo,
permanece en el calor y la espera.

Alcazaremos Xibalba, tan seguro.

Estuvimos allí,
resurgimos,
y el desastre nos llevó de regreso.

Seremos Houdini,
escapistas perfectos,
y todas las puertas de huída
llevarán nuestro nombre impreso.

Lograremos escapar.

Esta es mi sentencia.


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