viernes, 30 de abril de 2010

memoria descalza




Él es tan hábil.
Con palabras.
Palabras sueltas o enlazadas,
que se prenden en mi oído.

Yo trato de no escuchar.

Cierro los ojos y pienso que no.

No es cierto.

No escucho tan siquiera mi propio latido
que retumba desordenado saliéndose del escote,
y sube y sube y sube y sube sin importar
gravedades o miedos.

Él sabe hablar.

Él sabe,
sabe cómo preparar frases que se quedarán en mi cabeza,
retumbando con ecos extraños,
como un déjà vu vivido y revivido,
como un péndulo oscilante que hipnotiza,
como un hilo de seda entre la retina
colgante...

Pero no quiero escuchar.

Quiero cerrar la puerta entornada que pesa.

El miedo calza cristales.

No quiero suelos movedizos.

No quiero caracolas en mi oreja.

Que se pierdan las elegías que mi corazón canta
en sus sílabas malditas.





jueves, 29 de abril de 2010

Capuletos y Montescos. I. La colcha desgastada.

Mi amante quiebra la fe tras la esquina y se pierde. Mi amante se va despacio después de la cópula. Huye como incienso que se evapora, finalmente.

Mi amante teje mi noche con sus dedos; la hace fértil donde la semilla no crece. La retuerce sobre la colcha hasta desgastarla y llenarla de sudor, de calor, de besos.

Mi amante arranca de mis huecos las sombras, las sodomiza y ahuyenta cómo un exorcista, las degrada, las humilla, las vomita y las echa a fuerza de caricias en mis más secretos rincones.

Cuando ha conseguido la lisura de mi piel descalza…

Viene a coserme su nombre a mi espalda, lo tatúa y lo hace mío, como suya es mi fortaleza, abatida ya y sin guardias.

Tiene la habilidad en la yema, en las huellas que rastrean mis gemidos, vertiendo ecos dónde solo el silencio anidaba.

Y yo, yo me dejo algodonar, me dejo suavizar como las espigas de trigo mecidas por el viento. Mi cabeza se vuelca hacia atrás con ese hambre eterna que tanto temo, con esa insatisfacción profunda que tanto mella, y entonces suspiro como si se me fuera la vida por la boca y no me importara lo más mínimo. Se arquea la espalda, el entrecejo se despeja, las aristas se ablandan, y toda yo soy un líquido derramado.

Mi amante quiere despertarse a mi lado, pero yo prefiero que huya. Despejo misterios, los mínimos, y le incito al abandono, le empujo hasta la puerta, le suelto el cable que durante la noche le ató a mis ojos.

Si me desdigo, el cable se romperá y no hay recambios.

Nos prefiero así, capuletos y montescos por devoción y entrega, sin cerrar del todo el trato de la piel, sin firmar la aurora que convertirá el desayuno en tristeza.

Le prefiero así, huidizo antes del amanecer, para desearle durante el sol caliente, y que el pulso tiemble acelerado cuando sienta que cae la noche y le intuya acercarse, con ese hambre mutua, a tensar de nuevo el cable que nos mantendrá, durante horas, amarrados.



Capuletos y Montescos. 29/04/2010. Delia Díaz

Letras inspiradas en una composición de Bloomer 34.


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Para Diego, Bloomer 34

Letras nacidas de tu música.

Gracias, bestia parda.

Bss





miércoles, 28 de abril de 2010

historias de cronopios y famas que no sabían llorar

“”INSTRUCCIONES PARA LLORAR.



Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.


Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.


Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.


Historias de cronopios y famas. Julio Cortázar.””



Llorar.

Hazlo.

Llorar.

Empuja la lágrima.

Llorar.

Tiene que salir.

Llorar.

Esfuérzate.

Llorar.

Maldita sea, esfuérzate más!

Los pañuelos de papel, esperando ser mojados, me miran desconsolados.



Pañuelos – Del amor y otros sustantivos. 17/10/1999 – Delia Díaz.




Olvidada la instrucción cortazariana.

Mil años.

Más.

Una vez escribí:

Quiero llorar hasta que se me corra el rímel

y los ojos se me vuelvan negros como pozos.



Me derramo.

Me desagüo.

Me licúo.

Sin metáforas que confabular..



Y el agua derramada evoca ríos limpiando

La cubierta de plástico

de mis cicatrices.

Al fin.

Al fin.

Llorar limpia los ojos de sangre y lodo.





Agua – Del amor y otros sustantivos. 28/04/2010 – Delia Díaz.



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É_É¥_Åš_¾_µ…_°_¬{_ªx_ªw_©u_§q_¤n_ªr_¦n_£k_£k_¥m_§o_¥m_£k_¤l_¤l_£j_£k_¢i_¡i_ g_ h_¢i_¢i_¥l_¤k_£j_¢j_¢j_£k_¤l_¥m_¦n_©r_¨q_¥o_¥o_¦o_¥m_¦n_§o_©q_©q_§o_¦n_¥m_£j__¤k_¤k_£j_£j_¥l_¥l_¤k_¤k_£j_£j_¢i_¢i_¡h_¢i_£j_¤k_¤k_£j_¢i_¦l_¥h_¥g_¥g_£g_£f_¢f_¢f_ f_ anoche recordé cómo usar los pañuelos…





detalles y colores en un almuerzo desnudo

“"Es un muro. Y el muro es muerte.


Ilegible,


Garabato del descontento, en la imagen,…"” Desapariciones. Paul Auster.





Fui un muro.

Un garabato de algo y alguien, mío, sobre mí.

Sentí los trazos dibujados con alfileres sobre las huellas,

fábricas de las líneas de la vida y la muerte,

descendentes hasta donde uno puede cortarse las venas.



Fui un almuerzo desnudo.

Una casualidad, dos de arena, el hambre de más, el cenicero.



Fui un destierro de fe embrutecida.

Desecho descalzo y error humano, sabedor, sereno, incapaz y cierto.



Y la lápida pensará el epitafio más funesto:

Fui ganas, teatro, rueda sin radio, desconcierto, cementerio.



Detalles – Del amor y otros sustantivos. 19/06/2003 – Delia Díaz.



La lágrima cristaliza en los huecos y rellena charcos,

mezcolanza de amapolas y sedantes tiernos.

Importaba derramarse sobre la cal viva que procede

de las espinas secas y los laureles muertos.



Y continúa rodando por las pendientes que no cesan.



Comprendí algún pormenor de Auster, mas no todos.

Y sigo siendo un muro, por fuera y por dentro, cincelado.

Me escribo desde adentro con trozos de espejos rotos.

Pero ahora, si cierro los ojos, veo colores tras el párpado.



Colores – Del amor y otros sustantivos. 27/04/2010 – Delia Díaz.

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É_É¥_Åš_¾_µ…_°_¬{_ªx_ªw_©u_§q_¤n_ªr_¦n_£k_£k_¥m_§o_¥m_£k_¤l_¤l_£j_£k_¢i_¡i_ g_ h_¢i_¢j_¢i_¢j_¢i_¢j_¢i_¢i_¥l_¤k_£j_¢j_¢j_£k_¤l_¥m_¦n_©r_¬v ¬u_¨q_¥o_¥o_¦o_¥m_¦n_§o_©q_©q_§o_¦n_¥m_¥m_¥m_¥m_¥m_¥m_¥m_¥m_¥m_£j_£j_¤k_¤k_¤k_¤k_£j_£j_¥l_¥l_¤k_¤k_£j_£j_¢i_¢i_¡h_¢i_£j_¤k_¤k_£j_¢i_¡h_¥l_¥l_¥l_¥l_¥l_¥l_¥l_¦l_¥h_¥g_¥g_£g_£f_¢f_¢f_ f_ anoche olvidé cómo inventar pesadillas…